La Esquina de mi Cuadra

El poder de la rutina.




Lavida es una toma de decisiones constante, cada paso que damos es prácticamente una decisión que a veces tomamos gracias al efecto mecánico de la rutina y otras, las decisiones importantes, nos toman más tiempo ya que éstas nos pueden cambiar radicalmente la vida.

Esta es la historia de una persona que tuvo que tomar 3 decisiones radicales que no todos tenemos el valor de tomar pero que a veces, la vida y sus giros dramáticos nos obligan a enfrentarnos a ellas.  

Es martes y son las 3 am. Julio está sentado en su cama, hace ya varias noches que el sueño no se hace presente. Todo va bien en su vida, tiene un trabajo próspero, una pareja estable y todas las comodidades necesarias para vivir tranquilo.

Sin embargo no puede dejar de pensar que aunque tiene todo simplemente no es feliz, su vida se ha sumergido en una rutina intensa y sin salida aparente.

Su día a día es una repetición de sucesos a la misma hora y eso lo está enloqueciendo.
Llegar al trabajo después de manejar por la misma ruta, las mismas calles a la misma hora, llamar a su novia para darle los buenos días con esa parsimonia robotizada que a ella le parece normal pero a Julio ridícula.

Sentarse en el mismo puesto de trabajo, desde hace 11 años y hacer exactamente lo mismo hasta el medio día cuando sale a almorzar a alguno de los 3 restaurantes en los que siempre almuerza según el día y el menú. Es martes de fríjoles, los mismos de hace 5 años, cuando Julio fue por primera vez.

Pero todos sus amigos van a almorzar allá, y Julio no se siente bien almorzando solo.
Después de almuerzo trabaja hasta las 7 pm, manejar hasta el trabajo de su novia, llevarla a la casa y regresar a su apartamento antes de las 10 pm. para irse a descansar.

Los fines de semana, hay ajiaco con la familia de su novia, y se considera pecado no asistir, hasta el punto en el que la familia le dejó de hablar por un mes, aquella vez en la que Julio se enfermó y no pudo asistir.

Y los sábados... Pues es su día libre, el cuál utiliza en vueltas bancarias, filas, y compras de su novia en los mismos almacenes terminando el día juntos en casa viendo la televisión.

¿Ahora entiende por qué Julio no puede dormir?

Porque ha entendido que aunque tiene todo, le hace falta valor para cambiar su rutina, y lo peor es que siente miedo de atreverse a dar un giro a su vida; siente que si lo hace todo saldrá mal.

Hasta esta mañana de martes. Hoy Julio no se levantó a la hora de siempre, siguió durmiendo, tampoco llamó a su novia para saludarla, mucho menos manejó por las mismas calles hasta el trabajo. Simplemente decidió desaparecer.

Hace 11 años que Julio no pasaba de las 8 am en la cama, vio televisión hasta las 10 y apagó el celular, pero antes de hacerlo y sin intención de preocupar a nadie se reportó enfermo con su jefe y a su novia le dijo que estaría ocupado.

Salir a la calle a las 11:30 am era algo nuevo para Julio entre semana, manejó por calles nuevas, sin rumbo fijo, sin teléfono, sin afán, sin rutina.

Tomó la autopista y simplemente condujo viendo el paisaje, se detuvo en el campo; tomó aire, vio el mundo de otra forma.
Almorzó lo que quiso solo y no le incómodó, al contrario lo disfrutó y se sintió libre.

Pasó todo el día recorriendo los pueblos cercanos hasta que llegó la noche, en ese momento y conduciendo de regreso a casa con la alegría y satisfacción que solo produce el salir de la zona de confort, Julio al fin había tomado decisiones.

La rutina es una muy peligrosa enemiga que arrastra las voluntades casi sin darnos cuenta y hunde a las personas en un falso sentido de la responsabilidad generando dependencia y culpa por tratar de salir de ella.

No permita que ella llegue a su vida, cambie cada día y reinvente sus pasos, sus decisiones y sus costumbres; la vida es disfrutar de todas las opciones que nos da.
Para Julio fue difícil de entender, pero lo importante es que después de tomarse el tiempo se dio cuenta que la decisión era sencilla.

Julio sigue trabajando en la empresa pero busca nuevos lugares para almorzar, el trabajo sigue igual pero así es; Julio está estudiando la posiblidad de renunciar.
Recoge a su novia en las noches pero ahora van a otro lado antes de ir a casa, a un restaurante, cine o teatro.

Y los domingos.... Julio no volvió a los almuerzos familiares, va de vez en cuando y aunque no le hablan mucho pues sabe que ya se acostumbrarán.

Porque la rutina también se puede usar en su propio beneficio.

¿Y usted, vive en la rutina?

Gracias por leer.

Por
Diego Mauricio Pineda R.
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¿Ganas de huir?


Muchas veces a lo largo de nuestra vida sentimos con seriedad la necesidad de salir corriendo y dejar todo.

Pero luego caemos en la profundidad de nuestra realidad y entendemos que las barreras son muchas y que no podemos simplemente huir de todo lo que nos agobia.

Pero, se ha preguntado ¿qué pasaría si usted se decidiera a irse lejos a comenzar de cero... Sol@?
Evidentemente que para que esa premisa sea una realidad, necesita varios ingredientes como no tener hijos por lo menos; aunque hay quienes lo han hecho aún siendo papás.

Pero bueno. La historia que hoy vengo a contarles habla de alguien que de verdad decidió salir corriendo y dejar todo atrás para irse en busca de su propia felicidad.

Dejo a su juicio el hecho de pensar en que esa decisión pueda ser interpretada con la palabra "huir".
Son las 4 am y de nuevo no hay forma de conciliar el sueño.

Ana María lleva días así. Pensar en su vida y el camino que lleva la ha hecho entender que no es feliz, y después de analizar todos esos aspectos, cada día se siente más segura y con más valor de simplemente irse a otra parte para comenzar de nuevo.

Está convencida de que esto lo debe hacer sola, y por esta razón debe seguir ciertos pasos, si va a comenzar de nuevo debe ser organizada para que todo salga bien esta vez.

El primer paso fue el más difícil, dejar a su novio siendo completamente sincera. Un café fue la excusa para dejarlo ir con el argumento de querer tomar el control de su vida y querer caminar sola; ella consideraba que ese era su punto más valioso, sin embargo él no entendió... Se fue herido y convencido de que Ana solo quería huir.

El paso siguiente fue renunciar al trabajo, con carta en mano se sentó frente a su jefe y sin inventar excusa alguna más que su verdad, Ana María le explicó su decisión de comenzar de cero, a lo que su jefe después de aceptar y respetar su decisión se despidió de Ana con el convencimiento de que estaba loca y que era una pésima decisión. 

Ya sin trabajo y sin novio, llegó el tercer paso, el dinero. Ella sabía que para comenzar de cero era necesario algo de dinero para arrancar, hubiese podido irse caminando así no más sin un centavo, pero pues Ana había cuidado el dinero y algo tenía. La idea no era irse a pasar hambre tampoco.

Así que entregó su apartamento, vendió lo que pudo de sus pertenencias, canceló su teléfono celular y sacó sus ahorros y cerró su cuenta bancaria; sabía que no era necesario pero aún así lo hizo.

Todos sus plazos se vencían en un mes, una vez llegó a su casa se sentó a pensar en lo que había hecho. En ese momento no tenía trabajo, apartamento, cuenta bancaria ni teléfono... Ya no había vuelta atrás.

Faltaba el paso más importante, hablar con su familia. Ellos no sabían nada acerca de su nuevo paso.
¿A dónde vas?, ¿Con quién? y ¿Qué vas a hacer? Fueron preguntas que Ana pudo responder a medias, se iba sola, pero no sabía bien a dónde ni mucho menos qué iba a hacer.

Para sus padres, la decisión de Ana era una locura, para ellos Ana tenía su vida organizada y la estaba botando a la basura por una crisis existencial sin fundamento... Pero Ana lo tomó con calma y siguió firme.

En la mañana del lunes 24 de junio de 2019, Ana María partió con rumbo desconocido, no permitió que nadie la acompañara, sin embargo prometió avisar a sus familiares cuando se ubicara y sobretodo estar en contacto.

Sus padres la vieron el día anterior para despedirse, fue un momento muy triste aunque ella se veía muy feliz y convencida.

Para todos Ana estaba huyendo... Pero para Ana estaba caminando, comenzando avanzando, creciendo.

La pregunta es ¿Ud qué cree?

Lo dejo a su juicio...

Gracias por leer

Feliz semana.

Por
Diego Mauricio Pineda.
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Decisiones de vida




Rodrigo se despertó aún borracho, con ese sabor metálico en su boca seca poseída por la sed.
Le tomó algo de tiempo reconocer dónde estaba, el silencio que rondaba la habitación oscurecida por una cortina negra por la cual se colaba la luz del día.

Rodrigo estaba en el cuarto de la hermana de su mejor amigo Luis, pero ¿Qué carajos hacía allí? Si Ana, la hermana de Luis no era parte de la fiesta de la noche anterior y además ella era mucho más joven.

Rodrigo, aún con sus tragos vivos en la cabeza pensó que en medio de su borrachera se había acostado abusivamente en la cama de Ana y no le dio mayor trascendencia aunque sabía que por regla general no estaba permitido dormir en esa habitación en ninguna de las fiestas de la casa de Luis.

En fin, Rodrigo trató de incorporarse pero el dolor de cabeza era tremendo, estaba tapado por una manta, sin pantalones ni medias; buscó al rededor para encontrarlos pero no los vio, así que con esfuerzo se asomó hacia el piso por encima de la cama y casi le da un infarto con lo que vio.
En el piso estaba acostada Ana, la hermana de Luis, en pijama, boca abajo apoyada con sus antebrazos en la frente.

Rodrigo quedó aterrorizado. ¿Qué había pasado? Pensó por un momento y decidió salir del cuarto pero se preguntó si era mejor despertar a Ana para que le ayudara a entender esa situación.
Se acercó lentamente y la llamó para despertarla mientras la movía pero ella no reaccionó. Rodrigo de verdad comenzó a preocuparse, movió a Ana con más fuerza hasta que ella despertó.
Después de reaccionar lo primero que le dijo a Rodrigo fue: "No hagas ruido y no vayas a salir, nadie sabe que estás aquí"

Esto dejó a Rodrigo más asustado de lo que ya estaba; tenía muchas preguntas y la mente en negro. Quería saber qué había pasado.

Ana se incorporó y le dijo a Rodrigo sin ningún tipo de anestesia la frase "Anoche lo hicimos". Rodrigo no sé acordaba de nada y estando allí atrapado comenzó a caer en cuenta de los problemas que tendría por esa circunstancia.

Luis era muy protector con su hermana, y aunque ella era mayor de edad era menor que Rodrigo por 14 años, además de que él siempre la vio como una hermanita a través de los 20 años de amistad con Luis.

Las preguntas lo invadieron y las respuestas de Ana siempre eran evasivas.
Solo le decía que ella estaba dormida y él había entrado en la habitación, se había acostado en su cama y el resto simplemente se había dado.

Ana le confesó que estaba enamorada él desde hace muchos años y que consideró que era el momento perfecto ya que él había llegado a su habitación.

Rodrigo no sabía qué decir. Le explicó a Ana que no podía ser, que nunca lo iba a permitir su hermano Luis y de verdad no quería entrar en ese problema.

Además, Rodrigo no se acordaba de nada y eso solo agrandaba la duda aunque Ana insistía en que lo habían hecho sin contemplaciones.

Rodrigo estaba en una encrucijada, aunque tenía dudas tampoco podía desconfiar de las palabras de Ana que lucía calmada y muy segura.

Pero... ¿Por qué Ana estaba en el piso si lo habían hecho? Según Ana, Rodrigo se había movido mucho y ella se había acostado en la alfombra para dormir más tranquila.

Después de escuchar la historia de Ana muchas veces, Rodrigo por fin había comenzado a creer en Ana.

Pero entonces... ¿Qué iba a pasar de ahora en adelante?
Nada. Ana prometió guardar el secreto y darle a Rodrigo la posibilidad de elegir cómo proceder en cuanto a ellos, o seguir normales por la vida.

Después de esquivar a Luis, quien seguía dormido en su habitación, Ana ayudó a Rodrigo a salir del apartamento.

Pasó el tiempo y las visitas de Rodrigo comenzaron a ser menos frecuentes apoyadas en excusas de trabajo y  ocupaciones varias hasta que el tiempo hizo lo suyo y la relación de amistad entre Rodrigo y Luis se hizo lejana.

Con respecto a Ana, nunca contó nada a su hermano ni volvió a llamar ni contactar a Rodrigo.
Esta historia ocurrió en 1990 y Rodrigo, Luis y Ana nunca se volvieron a comunicar, Rodrigo se fue del país y no volvió a saber de esa noche.

Pero la vida hace lo que le da la gana, y una mañana del 2018 Rodrigo fue al mercado con su esposa y de repente se encontró con una cara conocida...

Era Ana. Se acercó y con amabilidad y cariño saludó a Rodrigo quien ya con 58 años de edad vio como el tiempo había pasado en Ana quien con 44 años le presentó a Rodrigo... Su hijo de 28 años.
Rodrigo y Rodrigo se dieron la mano y se miraron a los ojos...Ana y su hijo Se despidieron para no verse nunca más, sin preguntas de ningún tipo.

Nunca supieron nada más de ninguno.

Para terminar esta historia solo me queda una pregunta... Si es hombre ¿Usted se hubiera quedado con la duda?
Si es mujer ¿Lo habría contado?

Gracias por leer
Feliz semana
Por
Diego Mauricio Pineda

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Reflexión de vida (Desde la banca de un parque)




Las cosas como son, la vida es una colección de momentos de todos los sabores que se supone, reunidos; nos llevan por un camino de aprendizaje que al final de la historia se verá reflejado según lo que hayamos tomado y sobretodo aplicado lo aprendido.

Mejor dicho, básicamente lo que estamos viviendo hoy es el reflejo de lo que hemos hecho o hemos obrado en el pasado. Bien dicen por ahí que lo que sembremos será lo que recogeremos.

Desde mi esquina y sin entrar en intimidades que nunca entenderían ni tampoco contaré, les diré que como todos; he atravesado tiempos difíciles y puedo decir con seguridad que la vida me ha revolcado un par de veces duro.

Casi que no me levanto la última vez que eso ocurrió, pero aquí estoy vivo. Aún con uno que otro recuerdo que no se deja despedir del alma y una que otra experiencia que descuadra la armonía en la que hoy vivo o por lo menos trato de vivir.

Y es que con la edad la vaina se ve diferente, y uno comienza de algún modo a entender a los papás en ideas que cuando jóvenes veíamos ridículas y sin sentido.

Pero tampoco estoy hablando de vejez, estoy hablando de la vida, de la forma de hacer catarsis y de llegar a lo máximo en ella que para mí, en este momento es vivir tranquilo.

Estoy hablando de recoger lo que sembré durante mi camino, de saber que es momento de entender al otro y ponerse en su lugar a la hora de las tristezas más que en las alegrías.

Estoy hablando de que es más hermoso dar un regalo que recibirlo y que hacer cosas por alguien no tienen mejor recompensa que verle la cara de felicidad.

De sentir empatía por todos los seres vivos, de hablar con las plantas y de sentir admiración por un colibrí etc. Grandezas de ser grande y poderlo comprender.

Y no, tampoco es madurar. Es simplemente crecer, de alma. De espíritu.

Ver el mundo diferente con las preocupaciones de lo que vendrá, que me importe la economía, el medio ambiente, comer saludable, cerrar la puerta con llave en las noches, rezar.

Que llorar deje de ser visto como debilidad, y se vea como reacción a recordar, a evocar. A la nostalgia. Nostalgia que siempre tendremos hacia los tiempos pasados, no mejores, no peores... Pasados.

Estoy hablando de vivir con toda la energía y la sabiduría que deja lo caminado, de ver los sueños de cerca junto a los que amas, de querer banalidades y simplemente adquirirlas.

De entender la diferencia entre lo bueno y lo malo y de tomar las decisiones correctas ante las dificultades que siempre estarán allí hasta el final del camino.

De tener claro que estoy en la mejor edad de la vida donde simplemente puedo caminar con lo mejor de los dos mundos, la juventud y la vejez hablando con fluidez ambos idiomas.

Hablo de tener la seguridad que no voy a ver pasar mi vida desde una oficina y que sí se puede trabajar ganando bien desde cualquier parte. De trabajar por lo mío, de construir bases fuertes para un final de vida tranquilo.

Dirán que esta reflexión es "Madurar". Yo no lo he hecho y espero no llegar a ese estado.
Simplemente estoy viviendo, sigo aprendiendo, cambiando y reflexionando después de un mal día que ya quedó en el pasado.

Porque siempre amanece.

Feliz semana
Por
Diego Mauricio Pineda.

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El Viaje 2

tailandia


Como les conté en la historia anterior (El viaje) esta es la otra versión de los hechos, una forma diferente de ver la vida y claramente de vivirla.
Espero que les guste y que tengan en cuenta que viajar es lo mejor del mundo.

TAILANDIA
Ahorramos como nunca y sin desfallecer, nos privamos de muchas cosas para viajar al otro lado del mundo a conocer y a vivir un lugar hermoso, por 10 días (Era nuestro presupuesto)
Verán, yo trabajo en un restaurante y mi novio en una empresa de vigilancia, no tenemos entradas económicas grandes pero haciendo un esfuerzo y con la ayuda de la suerte nos aprobaron un préstamo y después de muchas vueltas aterrizamos en Bangkok.

Estábamos muy emocionados, era nuestra primera salida del país y tan lejos, volamos casi dos días y nos daba emoción cada país que pisamos, porque aunque solo hayamos estado en el aeropuerto... Pues estuvimos en el país.

Íbamos en plan "mochilero" teníamos reservado un pequeño hotel que habíamos visto por internet y se ajustaba a nuestro presupuesto, no tenemos una tarjeta de crédito con mucho cupo y no pensábamos gastarla toda; lo nuestro era conocer y pasar rico sin comprar nada.

De maletas llevábamos cada uno una, nos tocó cargar con ellas una parte del trayecto por el cambio de aerolíneas
y después de hacer inmigración nos paramos a esperarlas pero pues simplemente no llegaron.
Así que fuimos a hablar con una persona de la aerolínea; imagine a mi novio y a mi sin saber inglés, mucho menos tailandés tratando de explicar que no habían maletas, con mímica. Nos daba mucha risa.

Al final nos hicimos entender, y ellos también, nos dieron un formato donde anotamos la dirección del hotel y supuestamente allá nos llegaban las maletas.

Estábamos tan felices que no nos importó y salimos del aeropuerto para encontrarnos con una cuidad inolvidable más moderna de lo que uno se imagina.

Como íbamos sin maletas pues agarramos un taxi, en un canguro que llevaba mi novio estaban los dólares que llevábamos 1000 exactamente, los pasaportes y las billeteras con la tarjeta de crédito. Mejor dicho en ese cangurito estaba el paseo.

Como era de noche decidimos no cambiar sino 100 dólares por "Bats" la moneda de allá. Esa plata era para comer algo y para los primer día.

Al llegar al hotel si es que lo podemos llamar así, nos quedamos fríos, eso no era ni parecido a como estaba en internet, era una bodega grande con camarotes y lleno de gente que nos miraba como bichos raros.

Teníamos hambre y estábamos muy cansados, así que como no teníamos maletas pues nos fuimos a comer algo en la calle porque nos habían dicho que era muy rico.

Y así fue, la comida callejera en Tailandia está por todo lado y es deliciosa y barata, y ahí hicimos nuestra primera cena romántica en una mesita en un puesto callejero de Khao Soy
Regresamos al hotel felices y pues aunque no estábamos cómodos si estábamos muy cansados y nos quedamos dormidos, él con el canguro puesto.

Al otro día según nuestro itinerario teníamos pensado comenzar a viajar a las playas de Phuket, Krabi y Koh Phi Phi. Pero no teníamos maletas y no podíamos irnos sin ellas, ahí estaba la cámara de fotos ya que en esa época los celulares no eran como los de hoy.
Sin embargo no nos preocupamos y salimos a caminar por Bangkok.
Probamos todo lo que se nos antojaba tomados de la mano y vestidos con la misma ropa de hace 3 días, sin maletas cómo más hacíamos.

La gracia era disfrutar juntos. Lo único era el hotel, no nos gustaba mucho y decidimos que con la tarjeta de crédito  íbamos a buscar otro más cómodo por lo menos, la tarjeta estaba destinada para pagar los hoteles y aunque no teníamos este gasto contemplado pues decidimos hacerlo.
El nuevo hotel estaba más bonito pero no era tan barato, aunque al fin y al cabo era por esa noche, ya que ese día esperábamos las maletas para arrancar a viajar por el país.
Pero las maletas no llegaron. Ahí si nos estábamos desesperando, y aunque en el nuevo hotel nos bañamos y lavamos la ropa pues nos hacían falta las maletas.

Esa noche salimos a ver la fiesta, nos tomamos unas cervezas y tuvimos una noche romántica.
Al otro día teníamos que tomar una decisión, ya no podíamos seguir esperando las maletas así que nos fuimos al aeropuerto y esta vez nadie nos daba razón, no nos atendieron bien y nos desesperamos, se nos estaba dañando el paseo.

Me senté a llorar, me quería devolver de la rabia, pero mi novio me dio ánimo y me dijo que siguiéramos el viaje, al fin y al cabo teníamos que volver de ida a Bogotá.
Entonces nos fuimos de compras jajajaj bueno de compras es un decir fino, fuimos como a un san andresito, cada uno compro dos camisetas, dos pantalonetas y una mochila para guardar las cosas. Los verdaderos mochileros.

En ese lugar vimos una cámara desechable, eran unas cámaras baratas que tocaba romper a la hora de revelar el rollo; compramos una de 36 fotos y comenzamos el viaje.
Miren, nosotros fuimos con presupuesto muy limitado, hicimos un esfuerzo muy grande para ir, tuvimos que pasar un par de noches difíciles, pero estábamos de paseo, y es ahí donde se conoce y se pone a prueba la paciencia de la pareja.

Las maletas nunca aparecieron, la aerolínea dijo que las envió a la dirección, en el hotel dijeron que nunca llegaron.

No sabemos si de repente pusimos mal la dirección.
Pero lo cierto es que ya en el avión, cansados físicamente pero con el alma recargada nos dimos cuenta que después de lo vivido, después de haber ahorrado en equipo, y después de habernos soportado en tantas vivencias, podemos con todo.

Al volver a casa y después de revelar las fotos, vimos con lágrimas en los ojos que había salido dañada y todas las fotos se velaron.

Así que solo nos quedó lo vivido y los imborrables recuerdos que hay en nuestra mente del viaje más maravilloso de nuestras vidas.

Próximo destino... No lo hemos decidido pero lo estamos construyendo, ya pagamos la deuda así estamos listos para el siguiente.

Gracias por leer

Por
Diego Mauricio Pineda Romero

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De princesas e idiotas.



Todos, aunque lo neguemos, vamos por vida esperando o muchas veces buscando quién nos quiera como somos.

Deseamos que aparezca nuestra princesa o príncipe azul y nos vamos enamorando por ahí y al mismo tiempo aprendiendo a punta de trancazos en el corazón que no hay tal princesa o príncipe y es ahí cuando estamos listos para ver lo que nunca vimos.

Pero los hombres somos unos idiotas y muchas veces cuando encontramos la que nos quiere bien, nos cagamos del susto porque simplemente somos muy brutos para entenderlo.

Esta historia es real, y es una lección que espero tengamos en cuenta
Santiago es un tipo de esos que tiene dificultades para hablar con las mujeres, es lo que llamamos "Una bola". No logra que ninguna mujer se apiade de él y le dé el amor que tanto quiere.

Pero aparte de eso Santiago está en una etapa fuerte de su vida, se ha quedado sin trabajo y por esa situación le ha tocado irse de nuevo a la casa de sus papás, lo que hace más complicado el tema.
Mejor dicho ese man no tiene dónde "caerse muerto". Y sale todos los días a buscar qué hacer para recuperar el camino que perdió.

Ella se llama Paula pero le dicen "Pitu" y siempre está sonriendo, le toca duro, vive a las afueras de la ciudad y tiene que tomar dos buses para llegar al trabajo a las 6 a.m. todos los días (Incluyendo dos domingos al mes) para atender a los clientes que llegan a desayunar en la  panadería elegante donde trabaja.

"Pitu" tiene claro que no es la mujer más bonita de todas pero cuando se mira al espejo cada mañana se siente hermosa y sobretodo tranquila. Tampoco tiene novio y muere de ganas por querer bonito y sobretodo por construír un futuro juntos.

El destino da sus vueltas como le da la gana y una mañana cualquiera mientras Santiago compraba el pan, conoció a "Pitu" y ellos simplemente tuvieron la química necesaria para comenzar a hablar.

Santiago, nervioso y de pocas palabras. "Pitu" habladora y alegre comenzaron a escribirse mensajes diariamente, en este proceso ellos se contaron sus penas y sus alegrías y se fueron uniendo hasta que "Pitu" propuso salir una noche.

Santiago pues no tenía ni un peso y se lo hizo saber con sinceridad, a lo que ella respondió que no importaba, que ella invitaba y así lo convenció de salir.

Verán, "Pitu" es organizada, trabajadora, ahorra lo que puede desde su pequeño sueldo porque sueña comprar su propio apartamento y dejar de vivir en esa habitación que alquila en un departamento de una amiga suya.

El día del encuentro "Pitu" tomó un taxi después de bajarse del bus toda arregladita y feliz para recoger a Santiago quién la esperaba.

En el taxi comenzaron a hablar de todo, de la vida y de los proyectos, de los sueños de "Pitu" de las tristezas de Santiago, del optimismo de "Pitu" y del pesimismo de Santiago.
La noche apenas comenzaba y la pareja se hacía cada vez más cercana, "Pitu" bailaba pegada, Santiago, nervioso, no sabía qué hacer, "Pitu" le embutía aguardiente, Santiago se alegraba mucho más.... "Pitu" se lo llevó a su casa, Santiago vibró de placer..  "Pitu" le hizo el desayuno y Santiago se fue a su casa.

Los meses pasaron y la relación sin títulos de la pareja se hacía cada vez más cercana; "Pitu" llena de planes comenzaba a tener ideas para crecer juntos pero con tristeza comenzaba a ver qué Santiago tenía siempre una excusa para todo.

Sin embargo ella seguía adelante porque tenía claro que tenía claro que no existían relaciones perfectas. Y también estaba cansada de los reclamos de su compañera de apartamento por los gemidos de placer de Santiago que ella callaba con su mano aunque no era suficiente. A "Pitu" le encantaba eso pero quería ya su propio espacio para gritar.

Después de muchas conversaciones y unas cuantas peleas "Pitu" decidió que era momento de mudarse con Santiago, él aún no encontraba trabajo y ella no perdía la fe.

Le propuso a Santiago que ella podría mantener los gastos mientras él conseguía trabajo, hizo cuentas y presupuestos y logró acomodar todo y había conseguido un pequeño apartamento para los dos.
¡"Pitu" Estaba lista!. Había llegado el día de la mudanza para comenzar juntos, para construir juntos.
Pidió permiso en el trabajo, estaba en ropa cómoda, cargó sus cosas, siempre sonriendo, imaginando, construyendo.

Pero el destino tiene sus giros... A veces tristes. Santiago nunca llegó, no volvió a contestar el teléfono y ella solo recibió un mensaje amargo que decía:
"Paula, no estoy preparado. Lo siento"

"Pitu" trabaja todas las mañanas en el mismo lugar, pero pronto va a ser promovida a administradora de la nueva panadería. Ahora vive sola, tiene su propio espacio, sonríe siempre y vive feliz.
Sigue buscando con quién construir.

Santiago vive con sus papás, aún no consigue trabajo lleva dos años así.
Hay princesas y hay imbéciles, tambien pasa en el sentido contrario. Lo importante es tener claro que ninguna relación es perfecta y que si se acaba hay que seguir caminando.

Gracias por leer
Feliz semana.
Por
Pineda
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El viaje

Últimamente he estado pensando en que hay muchas cosas en mi vida que aunque parecen normales para todos yo aún no he hecho.

Una de esas es viajar en pareja. Por eso me di a la tarea de preguntarle a mis amigos acerca de sus experiencias y salieron de allí este par de historias, una buena y una mala, que espero les gusten.

Las voy a dividir en dos historias. Esta es la primera.

PARIS EN VERANO

Nos tomó 6 meses planear el viaje de los sueños, desde la compra de los pasajes nos llenamos de ilusiones llenas romance parisino, soñábamos caminar tomados de la mano por sus calles y fundir nuestras siluetas besándonos con  la Torre Eiffel como testiga de nuestro amor llenando de me gusta nuestro álbum de Facebook.

Hago esta aclaración porque en ese entonces no había instagram y tampoco Smartphones, solo existía Facebook y el proceso era llegar al hotel en la noche y subir las fotos desde nuestra cámara Sony Cyber Shot de 8 mpx que habíamos comprado hace meses y aún estábamos pagando juntos... Porque ¿qué sentido tenía ir de viaje sin cámara? Tocaba endeudarse.

Faltando 15 días para viajar tuvimos una pelea fuerte por plata, esto llevó incluso a pensar en cancelar el viaje, pero ambos sabíamos que no se podría así que lo solucionamos y nos fuimos esperando que París "la ville de l'amour" curara nuestras heridas.

Desde que despegamos en Bogotá él comenzó a estornudar, pensamos que era una alergia y no le dimos trascendencia, sin embargo durante todo el vuelo la cosa comenzó a empeorar transformándose en tos seca y un poco de fiebre.

¡Me enfermé! Me dijo, yo no le di importancia y le dije que en París lo primero que haríamos sería comprar un antigripal y listo. -toma agüita mi amor- le dije, y entre bebidas calientes y un acetaminofén que nos dieron en el avión nuestros pies tocaron París.

Llegamos con esa sensación extraña del "Jetlag" una especie de guayabo jartísimo por el cambio de meridiano que lo hace sentir a uno trasnochado, era entendible, estábamos mamados pero  ¡estábamos en París!.

Eran las 8 de la noche y el sol brillaba entre las calles de la ciudad luz, en el taxi comenzamos a tomar fotos de camino al hotel, yo estaba dichosa, y él enfermo... Con esa sonrisa a medias gracias a la jeta de maluquera... ¡Esa puta jeta! que yo evitaba mirar porque me daba rabia.

Y no, no es que no sea tolerante ni falta de compasión, pero es que estábamos en París, al menos merecía más actitud, entiendo que estaba enfermo pero pues trate de meterle pilas al menos ¿no?

En fin, llegamos al hotel y nuestro plan era cambiarnos y salir a cenar, ¡soñaba con eso! Así que con toda la paciencia, le pedí a mi pareja y su jeta insoportable que se bañara, que eso le sentaría bien, sin embargo ese fue el peor consejo que pude darle... Se bañó y eso lo dejó peor, la jeta era inlavable.

Se recostó ardiendo en fiebre y pues ahí si lo vi enfermo, entonces me sentí mal y pedí al hotel algo para el resfriado pero ellos me ofrecieron un médico, así que acepté; cuando llegó el doctor lo vio, le dejó unas pastillas, un jarabe, jugo de naranja y nada más.

Además advirtió que las pastillas eran muy fuertes, daban sueño y no podía tomar alcohol... Así que esa primera noche disfruté de París desde la ventana. Adiós cena del primer día.

Desperté al otro día y lo primero que hice fue tocarle la frente a él. La fiebre se había ido. ¡SE LO AGRADECÍ AL CIELO!
lo desperté a besos.

El sol brillaba a través de la ventana para darnos un nuevo día, un nuevo comienzo.

Me dijo que se sentía mejor y que me bañara para salir a desayunar y caminar París, de un salto estaba lista, salimos y ahí comenzó de nuevo la pesadilla.

Esa puta moquiadera, esos ojos abutagados los soportaba... Pero esa actitud de muerto en vida por una gripa si ¡no!.

Estaba en la inmunda, le dije que se tomara la pastilla y no quería, paramos en un café y no quiso comer nada, yo lo paladié, lo consentí, le metí paciencia y nada. Esa jeta de moribundo me tenía desesperada, era inaguantable.

Decidimos regresar al hotel como a las 4 de la tarde porque él enfermito no podía más; le dije que se tomara la pastilla y que durmiera un poco pero no quería así que no insistí, se recostó se quedó dormido y yo aburrida bajé al bar a tomar una copa.

En el bar conocí a un grupo de mejicanos y me puse a hablar con ellos, estaban almorzando y luego iban a ir a caminar por la ciudad y nos invitaron.

Yo pensé que era una buena idea y tenía la esperanza de que mi pareja se hubiera tomado la pastilla y se sintiera mejor, así que subí a avisarle y cuando entré lo encontré envuelto en las sábanas tosiendo y temblando.

Le dije de nuevo. Amor tómate la pastilla... Peleamos y me dijo que no tenía la culpa de estar enfermo... Pero tampoco quería recuperarse.

Me emputé y me puse a ver televisión, entonces me dijo que fuera con los mejicanos, que él se tomaría las pastillas y que mañana se sentiría mejor.

Yo me calmé y le dije que bueno.

Sentía que yo no podía dejar de disfrutar del viaje, no era justo.
Así que me fui, tomamos vino, caminamos por las calles, tomé fotos, y me divertí.

Llegué a las 3 am al hotel y él estaba dormido, lo toqué y no había fiebre. Me alegré y me acosté.

Al otro día, cuando desperté lo vi mucho mejor, pero cuando le propuse salir por la ciudad él me respondió con una frase que fue la que partió todo. "Sigo enfermito"

Vida grandísima HP!!!! ¿Te tomaste la pastilla? Le dije.. - No, me respondió-.

Pues por eso sigues "ENFERMITO" grandísimo pelagato!! En ese momento sentí unas ganas incontrolables de ponerle una rodilla en el pecho abrirle la jeta y embutirle la pastilla.

Pero me puse a llorar, ya estaba harta, peleamos muy fuerte, nos dijimos cosas horribles, trajimos el pasado a colación y todo se rompió esa noche.

Dormí en el piso, le dejé la cama al "Enfermito"

Al otro día ya estaba mejor de salud, la tos se había ido y la pastilla había ayudado, yo no quería hablarle, sentía que si se la hubiese tomado con juicio estaría bien y no estaríamos en éstas.

Ese día casi no hablamos, yo me llevé la cámara y me fui con los mejicanos, regresé tarde y él no estaba.

Los últimos días fueron raros, yo no quería hablar, ya le tenía hasta fastidio, si en París.

Me levanté para salir y él me pidió la cámara, tuvimos otra pelea porque como ya hacíamos planes diferentes ahora el problema era de quién era la cámara; sin embargo yo cedí y se la dejé, al fin y al cabo yo tenía muchas fotos y pues él no la había utilizado.

El dia anterior a nuestro regreso y después de disfrutar de París de otra manera le pedí que por favor me descargara las fotos y que me las guardara en el computador para que en Colombia las pudiera quemar en un CD.

Y ahí es cuando todo lo que iba mal se terminó de la peor forma...

Me respondió. - Huy, ¿cómo así?, ¿No las descargaste?, Yo pensé que sí y las borré porque no había campo para mis fotos.

Sentí que me iba a desmayar, lloré, grité, llegué a mi límite. Nunca me sentí más sola, impotente y vacía. Lo odié!!! Con mi alma lo odié.

Esa noche la pasé con los mejicanos, por fortuna ellos tenían las fotos en grupo dónde yo salía y ese es el único recuerdo que me quedó de París. 

El viaje de regreso fue silencioso, pude cambiar de silla y cada uno llegó al aeropuerto por su lado.

La última vez que lo vi, fue bajando del avión. Nunca más hablé con él.

Supe que habló mal de mi, le dijo a algunos conocidos que yo lo había dejado enfermo para irme a besar con unos mejicanos. No me importa, no fue así.

Sé que quizás no fui la más comprensiva pero aún me da ira pensar en lo que hubiese pasado si él hubiese tomado los medicamentos.

Ahí quedó París... Pero espero reivindicarme y volveré algún día... Esta vez con mi propia cámara, por si acaso.

Gracias por leer.
Por
Pineda.

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Carta de un divorcio (Respuesta)

divorcio

Te vi irte al cerrar la puerta con la mirada baja, triste, como me sentía yo. Te vi irte segura y creo que por eso no te detuve.

Nos dijimos tantas cosas que perdí la idea y solo pensaba en cómo manejar la situación.
No supe qué hacer, solo me quedé ahí pensando en nada y tratando de entender por qué estaba dejando que te fueras.

Esperaba que te quedaras...

Te vi salir manejando y deseé que no te pasara nada; siempre me preocupo por ti.
No tengo claro lo que sucedió, había tanto amor entre los dos y tantos planes que hoy quedaron solo en ilusiones.

Sé que no irás donde tus padres, es tarde y no querrás preocuparlos, así como sé que no irás donde ninguna de tus amigas.

Yo me quedé sentado en el sofá tratando de entender en qué momento se acabó todo, en qué momento la vida me cambió las cosas hasta sentir lo que siento hoy y de lo que tú no tienes la culpa.

No tengo excusas ante esta inseguridad que me llena el corazón, no tengo excusas para lo que siento, pero solo puedo decir que desde hace unos días no me siento completo, algo se acabó en mi y no quiero decir que sea el amor.

Acepto que tú siempre estuviste ahí, llena de paciencia para mi y de buena actitud para soportar mis bajones que no me permitían encontrar la felicidad a tu lado.

Fuiste mi prioridad todo el tiempo y de verdad te amé, bueno, te amo, y no quiero hacerte sufrir aunque esto es a veces inevitable.

Miro la ventana cada rato esperando que aparezcas de nuevo para tratar de arreglar esta situación; y además, miro el celular constantemente para escribirte un mensaje... Pero simplemente no sé qué escribir.

Me siento muy culpable, pero al mismo tiempo no. Es una sensación extraña entre la tranquilidad y la angustia.

Sé que no debo sentirme mal, pero al mismo tiempo me siento terrible.
Amanece y aún no vuelves... ¿Dónde estarás? Quiero llamarte pero creo que no vas a responder y por eso pierdo el impulso.

Cada minuto todo se va aclarando más y más y me voy sintiendo más seguro de mis actos... De repente llega un mensaje. Es tuyo.

Me pides que no esté aquí cuando vuelvas...

Sé que estás bien y quisiera tratar de arreglarlo pero ahora entiendo que ya está hecho y arreglado.
Empaco mi maleta y salgo de la casa. 

Espero que podamos hablar algún día, y si no pasa, pues ese era el destino.


Dejo las llaves. Me llevo los recibos para dejar todo en orden.

Hoy comienzo de nuevo... Y estaré bien.

Tú también lo estarás.
Respiro...
Gracias por leer
Por
Pineda

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